- Desde el centro: plano espiritual. Sol y triángulo.
Sol con corazón = El Señor, Dios, Creador. Triángulo = Trinidad de todas las cosas, comenzando por la divinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, es decir, amor (corazón), sabiduría (sol, luz) y voluntad (rayos), y las tres etapas de la vida: comienzo, apogeo y fin. Las tres flechas naranjas expresan el movimiento giratorio universal, es decir, el desarrollo y la eternidad de la vida que fluye desde el centro divino. El movimiento giratorio crea entonces el universo material, es decir, el plano natural. Así fluye el espíritu de Dios en la creación, que Él mantiene mediante la polaridad, es decir, fuerzas opuestas, con la tensión de la fuerza de atracción —porque Dios, en su amor, atrae todo hacia sí— contra la fuerza centrífuga —porque, como creador, quiere que todo se desarrolle libremente desde Él—. Para que todo permanezca en equilibrio, sin el cual no habría vida, Dios actúa con su voluntad como tercera fuerza. El triángulo y el número 3 dan testimonio del apoyo mutuo de las fuerzas divinas de la creación. De ahí surge, como ya se ha dicho, el movimiento giratorio universal en el cosmos, que crea vida libre capaz de desarrollarse gracias al impulso del centro, donde la voluntad de Dios (el Espíritu Santo) es la fuerza motriz. Así se conectan el espíritu y la materia. Esto se puede representar simbólicamente en el zodíaco mediante los 12 signos del zodíaco como correspondencias. Los 12 signos o símbolos son receptáculos de un efecto del espíritu en la materia, en un orden determinado. Pasamos ahora al centro del mandala, más allá del triángulo y al círculo exterior, donde se ven 12 segmentos.
B. Nivel natural. A partir de los 4 elementos. Zona central y círculo exterior.
Aquí conectamos lo espiritual (invisible), que proviene de la PALABRA, con lo material, que se encuentra visible en la Naturaleza, para descubrir las correspondencias, es decir, la conexión. Zona central: polaridad (+ -) en los 4 elementos, 1. Fuego (+ repele, calor), 2. Tierra (- atrae, p. ej. gravedad), 3. agua y 4. aire, como expresión/manifestación de la voluntad del creador en el plano natural, es decir, material, a través de la acción de los llamados Elementos como diferentes grados de libertad de lo espiritual, es decir, el movimiento de los espíritus correspondientes en ellos. En el exterior: los 12 signos del zodíaco como correspondencias de la conexión de los 4 elementos y la polaridad respectiva con las etapas respectivas, donde 1 es el comienzo, 2 el punto álgido y 3 el final de un ciclo vital. Así, cada signo del zodíaco es solo un símbolo de la polaridad correspondiente de uno de los 4 elementos en una etapa determinada, p. ej. Leo ♌︎ es fuego en su apogeo (pleno verano, julio-agosto), de polaridad positiva porque los espíritus en el fuego son espíritus activos, mientras que, por el contrario, los espíritus que forman el elemento tierra son pasivos, es decir, de polaridad negativa, para oponerse a los elementos positivos o activos y crear así un equilibrio dinámico. Los 12 signos del zodíaco están conectados con el centro, es decir, con el espíritu de Dios, por correspondencia y no son nada en sí mismos, sino solo a través de la acción de Su espíritu, en la polaridad de un elemento en una etapa determinada, es decir, elemento + polaridad + fase. Cabe señalar que los signos de la misma polaridad se oponen entre sí, es decir, - a - y + a +, repeliéndose, lo que sostiene todo el sistema, es decir, el cosmos, a través de la tensión. Sin embargo, cuando están uno al lado del otro, pasan de + a - a +, etc., para provocar una oscilación, ya que todo está hecho de oscilaciones, en diferentes longitudes de onda.

